El itinerario de hoy era uno de los más esperados por nuestros alumnos. La mañana estaba ocupada por actividades multiaventura, en concreto paintball y escalada. El lugar donde se realizan estas actividades normalmente está en las afueras y se juega al aire libre. En el paintball los equipos enfrentados se arman con pistolas que disparan bolas de pintura y poseen una máscara que protege el rostro para evitar posibles daños.
En nuestro caso, un equipo debía conquistar un castillo defendido por otro equipo. Quien tuviera menos bajas y no fuera alcanzado y manchado por una bola de pintura, ganaba. El juego a priori es fácil pero cuando debes moverte en un campo lleno de piedras y enemigos colocados estratégicamente la cosa se complica. ¡Y se complicó por lo menos un par de horas!

También algunos intrépidos se atrevieron a escalar en un rocodromo improvisado que nos trajo muchas risas y momentos para recordar.

Tras la comida pasamos una agradable sobremesa en la bolera. Algunos aprovecharon para relajarse y otros compitieron de nuevo por equipos.

Si la mañana había estado dedicada a la lucha y la guerra (siempre en tono lúdico), la tarde estuvo reservada para la paz. Llegó el momento de visitar unos de los lugares más mágicos que hemos conocido: la Quinta da Regaleira. Esta majestuosa e impresionante casa tiene como peculiaridad no precisamente el edificio principal, si no sus hermosos y románticos jardines llenos de cuevas, lagos y rincones secretos. Perderse en ellos es un auténtico regalo para la mente y los sentidos.

El terreno fue adquirido por Antonio Carvalho Monteiro, que con la ayuda del arquitecto Luigi Manini convirtió este espacio en un auténtico sueño. Es único, ya que contiene una mezcla de estilos, entre los que se puede observar elementos manuelinos, neogóticos y románticos. Posee también relación con la masonería, la astrología y las ciencias ocultas.

Después de esta estupenda visita volvimos a Setubal para disfrutar de la cena y un merecido descanso.
Habrá que reponer fuerzas para visitar mañana Estoril y la Torre de Belem, donde probaremos sus famosos y típicos pastelitos.